¡ A DIETA! : De viaje por las dietas mas raras de la historia

 

¿Siempre a dieta? A partir del lunes como sano… seguro que os suenan mucho estas frases ¿Verdad?

 

Nos dicen que la búsquieda de cuerpos irreales y la difusión de cánones de belleza imposibles son culpa de nuestra sociedad, las redes sociales o los medios de comunicación. Esto es verdad, claro que sí, pero queridas mías, la búsqueda de perder esos kilitos de más es una historia con mucha historia ¿Os la cuento?

Desde que empezamos a disfrutar de la comida fácil, eso de tenerla mas o menos a mano y no tener que salir a cazarla o recolectarla hemos tratado de entender el impacto que esta tiene en nuestro cuerpo y sus formas. Fue en el siglo XIX cuando la gente empezó a hacer dietas por razones estéticas más que de salud, y entonces la industria de las dietas comenzó a crecer.

Pero bueno, hoy no se trata de contar la historia en modo libro de texto. Hablaremos de las dietas mas raras de la historia y en la siguiente entrada os contaré los cotilleos para bajar peso de las “Celebritis” de la época. ¡Empezamos!

 Las dietas mas raras de la historia

Vinagre, mucho vinagre

 

Lord Byron fue uno de los primeros COACHES DE ALIMENTACIÓN de la historia. Los famosillos seguían sus teorías para adelgazar y contribuyó a la obsesión que la gente tiene todavía hoy por conocer el “método de adelgazamiento” de las estrellas, actrices o cantantes.

las dietas mas raras de la historia
La historia del vinagre para adelgazar (¿Os suena, verdad?) empezó en el siglo XIX cuando Byron, que tenía tendencia a engordar empezó a utilizarlo.

¿Cómo lo usaba?

Para limpiar y purgar su cuerpo bebía vinagre a diario y comía patatas mojadas en él. Pero los efectos secundarios incluían vómitos y diarrea.

Debido a la gran influencia de Byron creció la preocupación por el efecto que su dieta estaba haciendo sobre los jóvenes de la época. Así que los románticos crearon su propia versión “light” y se limitaron a consumir vinagre y arroz para parecerse al poeta de moda.

Además, Lord Byron empleaba varias capas de lana para transpirar y reducir su masa corporal. Más tarde se atracaba con comida y luego ingería grandes dosis de magnesio. En 1806, Lord Byron pesaba 88 kilos y en 1811, tan sólo 57 kilos.

Masticar y escupir, pero nunca tragar

 

A comienzos del siglo XX, Horace Fletcher decidió que una buena manera de perder perso era masticar y escupir, eso sí, nunca tragar.

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¿Cómo lo usaba?

Su dieta se basaba en masticar bien la comida hasta extraer todo lo “nutritivo” y después escupir la materia fibrosa que queda en la boca.

Por ejemplo, había que masticar hasta 700 veces una cebolla, así que la gente tenía que llegar pronto a las cenas si querían que les diera tiempo a masticar toda la comida.

 

Al doctor Horace Fletcher se le metió en la cabeza que había que masticar una cebolla 700 veces. Los escritores Henry James y Frank Kafka se lo creyeron..

Esta dieta tenía otra particularidad: debido a la poca cantidad de comida que se ingería, quienes hacían la dieta sólo usaban el baño una vez cada dos semanas y casi sin olor, por lo que el propio Fletcher se refería al aroma de los excrementos “como el de galletas calientes”. Por cierto, entre los seguidores famosos de la dieta de Fletcher tenemos a Kakfa y a Henry James.

Os dejo lo que Marcel Prévost escribió sobre la dieta loca de Fletcher:

A este médico yankee, destinado a ser un apóstol seguido por millares de discípulos, se le ocurrió decirme cierto día:

Yo como…, ¿por qué como? Para alimentarme, es decir, para asimilar la sustancia que alimentará mi organismo. Ahora bien, yo no puedo hacer nada, una vez que el alimento ha franqueado el esófago. Una especie de noche, de misterio, rodea el trabajo interior, que fabrica con mi alimento, sangre, músculos, grasa, etc. La única parte de la operación de la que tengo conciencia y que se efectúa bajo mi control comienza en mis labios y termina en mi esófago: dura exactamente el tiempo que yo mastico el alimento… Mi atención y mi esfuerzo deben, pues, ejercerse, principalmente, en este período. Voy a aplicarme en masticar de la mejor manera posible, utilizando a la perfección mis mandíbulas, mi lengua, mi paladar, mis dientes, mi saliva y hasta mi pensamiento.

 

Al parecer, los fletcherianos han contado el número de viajes que tal o cual alimento debe efectuar de ida y vuelta, en las fauces, o en lo que Homero llama muralla de los dientes; han determinado las emisiones de saliva que corresponden a un bocado de rumpsteack o de espinacas; han determinado con un cronómetro, la masticación de un trago de sopa o de cerveza; pues según ellos debe masticarse la sopa y la cerveza.

 

La dieta de la solitaria

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Esta dieta de popularizó a comienzos de 1900.

Normalmente se ingerían huevos de lombriz solitaria, a menudo en píldoras. La teoría era que las lombrices llegarían a la madurez en los intestinos y absorberían la comida. Esto causaría pérdida de peso, diarrea y vómitos.

Una vez que la persona alcanzara su peso ideal entonces podría recurrir a una pastilla anti parásitos para deshacerse de las lombrices. Expulsar los parásitos causaba a menudo fuertes dolores y complicaciones rectales y abdominales.

Además, una lombriz puede llegar a medir hasta 9 metros, y tiene efectos secundarios como: provocar problemas de vista, meningitis, epilepsia y demencia. A pesar de todo fue todo un éxito para la industria de las dietas de aquellos años.

Muchos años después, surgió la noticia de que la cantante María Callas la seguía, aunque todo parece indicar que era una leyenda urbana sacada de una convesación irónica en la que dijo:

 

La dieta que seguí no fue otra que ingerir voluntariamente una tenia solitaria en una copa de champagne.

Arsénico. O adelgazas o te envenenas

 

Los “remedios mágicos” de los que ya os he hablado varias veces fue el arsénico. Este producto prometíaperder peso en el siglo XIX también escondiamuchos peligros.

A menudo la gente tomaba más dosis de las recomendadas, pensando que tomando más píldoras conseguirían mejores resultados, aunque en realidad se arriesgaban a envenenarse.

 

Bragas y corsés de goma

 

Con la llegada de la Revolución Industrial y la producción en masa el uso del caucho se extendió enormemente.

Con él aparecieron las prendas adelgazantes y se pusieron de moda los corsés y bragas de goma.Por un lado la goma hacía presión sobre la grasa y por otro causaba sudoración, lo que se pensaba que te hacía perder peso. Esto también os suena ¿ A que si? Pues os diré una cosa : NO ES VERDAD.

Tanta sudoración creaba afecciones en la piel y por supuesto, perdías líquido no grasa.

La llegada de la Primera Guerra Mundial acabó con la moda, ya que empezó a necesitarse el caucho para la industria militar.

Con el agua ya me llega

Friedrich Nietzsche decidió adelgazar a partir de una dieta hipocalórica muy loca y llegó a decir que con el agua ya bastaba, proponiendo beber 4 litros al día.

Dejó de comer carne, a veces le llegaba con una manzana o un trozo de queso y esto le probocó tantos problemas estomacales, vómitos y jaquecas que que combatía con mucho agua y productos lácteos que dejó de comer prácticamente de todo, pensando que así no le dolería el estómago, vamos que con lo listo que era en cuestión de alimentación empezaba la casa por el tejado.

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Si os interesa más este tema, os recomiendo el libro que yo he utilizado para escribirlo:Calorías y Corsés: Historia de la Dieta en los últimos 2000 años

Libro en Inglés


La mujer ideal: El estilo no tiene talla, reflexión sobre los cánones de belleza.