Anna Coleman Ladd: La mujer que devolvía el rostro a los soldados

Anna Coleman Ladd

Hoy quiero presentar a Anna Coleman Ladd: La mujer que devolvió el rostro a los soldados. Fue una escultora estadounidense que utilizó su creatividad y su formación artística para una actividad un poco rara: fabricar máscaras para soldados franceses que habían sufrido deformaciones en sus rostros durante la Primera Guerra Mundial.
Su dedicación, su arte y maestría ayudaron a muchos de estos hombres a llevar una vida más normal, al poder salir a la calle sin que se les mirase como a monstruos deformes.

Y es que chicas, Ladd no solo llenó un vacío físico, también contribuyó a llenar los vacíos psicológicos de casi 200 hombres que se habían acostumbrado a vivir en la oscuridad y a negarse a sí mismos. ¿No os parece fascinante?

Anna Coleman

SU CARRERA COMO ARTISTA

Anna Coleman  nació en Filadelfia y se educó en Europa, donde estudió escultura en París y Roma. En 1905 se mudó a Boston y llegó a ser miembro fundador del Gremio de Artistas de Boston, consiguiendo exponer como artista individual. Imaginad lo complicado que era llegar a conseguir eso siendo una mujer.

Mujer polivalente, escultora, escritora y retratista, decide en 1917 fundar el “Estudio para Máscaras de Retrato” de la Cruz Roja Americana para proporcionar máscaras cosméticas para ser usadas por hombres que habían quedado gravemente desfigurados en la Primera Guerra Mundial. Estos servicios le valieron la Legión de Honor Croix de Chevalier y la orden servia de Saint Sava.

Anna Coleman: LA MUJER QUE DEVOLVÍA

EL ROSTRO A LOS SOLDADOS

 

 

Anna Coleman mask

Con la guerra, Anna se dio cuenta de que con su habilidad artística podía conseguir mucho más que exponer en museos. Decidió que sus conocimientos podían traer felicidad a muchos de los soldados que la habían perdido al convertirse en “monstruos”. Fue en este momento cuando se fue a París, donde comenzó a recorrer los hospitales en busca de pacientes. Pronto se extendieron los rumores de que había una mujer que devolvía el rostro a los soldados y estos comenzaron a acudir a su estudio en busca de ayuda.

 

“Gracias a usted, puedo volver a vivir. Gracias a usted, no me he enterrado vivo en las profundidades de un hospital para discapacitados”.

No es que la mutilación no estuviera aceptada, en tiempos de guerra era algo habitual. Pero sus máscaras y prótesis ayudaron a muchos de estos hombres a llevar una vida más normal, al poder salir a la calle sin que se les mirase como a monstruos deformes. Y no solo a ellos, también a que sus familias, hijos y mujeres no tuvieran que enfrentarse día a día con sus caras desfiguradas por el horror.

Su estudio ¿Cómo lo hacía?

 

Anna Coleman mascaras
En su estudio los espejos estaban totalmente prohibidos. Anna Coleman se basaba en fotografías antiguas y charlas con sus pacientes para darles un rostro adecuado: Hablaban de sus expresiones faciales, gestos y otros aspectos más estéticos como si tenían bigote, barba o utilizaban lentes.

Después de conocer el rostro que tenía que “devolver a la vida” comenzaba su trabajo como escultora, elaborando un vaciado de yeso del rostro, hacía un molde con arcilla y plastilina para luego crear una réplica de cobre galvanizado maleable y menos pesado.

Las máscaras pesaban entre 100 y 250 gramos, le daba forma a sus cejas, labios y después intentaba dar a sus prótesis un tono de piel.

Con la máscara ya colocada sobre la cara del soldado, para escoger con más precisión el tono de la piel, comenzó a pintar el cobre con óleo pero el resultado no era el mejor, ya que era muy brillante. Así que acabó optando por un esmalte que se podía lavar de acabado mate tenía un efecto más parecido a piel.


Las máscaras poco a poco se deterioraron y no existe casi ningún testimonio de ellas, mas que los que conservan el instituto Smithsonian. Pero todavía tenemos fotografías tanto de las prótesis como de los soldados e incluso videos de ella trabajando. Os dejo algunos testimonios para que podáis ponerlos en imágenes.

Anna trabajando en sus máscaras


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